
Hoy estuve en la capilla, mi mamá me pidió que la acompañara a la Adoración del Santísimo, es costumbre de ella ir todos los jueves y regalarle al Señor un momento de oración.
Mientras estuve ahí un grupo de señoras inició una oración colectiva en la que pedían insistentemente por la juventud que, según ellas, está perdida y está siendo consumida por las drogas.
Fue inevitable que mi concentración en el rezo se fuera completamente y empecé a cuestionar tal afirmación, pues no es la primera vez en toda mi juventud que escucho semejante posición.
De verdad agradezco que se ore por la juventud, pero ¿qué les hace pensar que está perdida?
Es cierto que muchos jóvenes se encuentran desorientados y que gran parte de ellos se ha decidido por la delincuencia pero ¿qué me dicen de los demás? ¿Somos invisibles los que estamos estudiando para ser útiles a la sociedad? ¿Son más los que usan drogas que los que están luchando para acabar con ella? ¿No hay una infinidad de grupos de jóvenes y asociaciones que quieren ayudar?
Hoy propongo que oremos por los adultos que están perdidos y que se encuentran gobernando nuestras naciones, que desorientados han iniciado guerras mandando a los jóvenes a combatir y a dar la cara por su cobardía.
Pidamos por los adultos que dirigen el narcotráfico y nos venden las drogas, que Dios los ilumine y los haga darse cuenta del daño que hacen a tantos jóvenes.
Pidamos por aquellos que no han sabido encaminar correctamente a su familia, dales, Señor, coraje para enfrentar junto a sus hijos los problemas que se les presenten.
Oremos por los que no creen en nosotros, para que abran sus ojos y se den cuenta de que la juventud no está perdida, que somos una generación poderosa y emprendedora y que estamos haciendo un esfuerzo por cambiar y mejorar el mundo que se nos está entregando. Amén.
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